Es triste
ver lo poco que se aprecia el trabajo
que realiza un hombre pobre para que los ricos puedan vivir, pero es más triste
ver cuando otro pobre lo desprecia.
Un hombre
humilde, ya agotado por el exhaustivo día de trabajo en la obra en construcción,
va camino a su pequeña casa al pie del barrio, va bastante alegre, ya que tuvo
un pequeño aumento en su paga esa semana y en su rostro se observaba el
cansancio y el orgullo por su esfuerzo.
Durante su
largo viaje, entre metros, autobuses, transito y caminatas largas, el hombre va meditando sobre
lo que le espera al llegar a su destino. Imagina a su esposa, recibiéndolo con
un beso y con una simple, pero deliciosa comida. Fantasea en como su hija lo
abraza al llegar, demostrando su cariño y que tanto la extraña, piensa en cómo el mismo le contará la buena
noticia a su mujer de cómo su sueldo de esa semana aumentó debido a su laborioso trabajo e incluso
piensa en si podrá tener relaciones con ella estando tan agotado.
Y así estuvo
el hombre, viajando en sus pensamientos alegres mientras avanzaba por la ciudad
para llegar a su destino, no le importaban las trancas, no le importaban los
motorizados, solo podía pensar en su paga y descansar en su casa, sin embargo,
lo que le esperaba en la entrada era algo que nunca se le habría pasado por la
mente. Un gran grupo de policías rodeaban su hogar, conversaban alterados sobre
lo que parecía ser un asesinato, recién llegaban, ya que todavía no cerraban
con cintas la entrada.
El hombre,
sin pensar en más nada que su esposa y su hija. Entró directo sin preguntar
nada a nadie, esperando ver una posible masacre… y así fue, pero no era algo
que él esperaba ver, ya que lo primero que notó fue a su esposa y su hija
abrazadas en un solo llanto delante de un cuerpo destrozado, como si hubiese
sido atacado por una bestia, estaba prácticamente irreconocible, había sangre
desparramada por todo el suelo, incluso habían trozos sanguinolentos de carne
que se esparcían por el recibidor, obviando que faltaban varias cosas en la
casa, sin embargo, aun habían detalles que permitieron que descubriera de quien
ese cuerpo que ahora yacía muerto, era él.
Por un
momento, se quedo tieso, no podía hablar ni tampoco sabía que pensar, levantó
sus manos y las observó, luego empezó a tocarse el cuerpo para asegurarse de
que él seguía allí, giró su cabeza hacia la izquierda y se vio a si mismo
frente a un pequeño espejo que colgaba de la pared, él seguía siendo él,
entonces pensó: “¿De quién es el cuerpo de la persona que está masacrada en el
suelo?”
En ese
preciso momento, su esposa alzó su cabeza para mirarlo, o eso pensó él, porque
realmente se levantó para hablar con el policía que estaba justo a sus espaldas.
Ella lloraba mientras trataba de explicar lo que pasaba y el hombre observó cómo
se llevaban a su hija fuera de la casa, todo sin poder moverse o decir algo. El
hombre dio media vuelta y se encontró cara a cara con un policía que hacía
preguntas a través de su cuerpo como si no lo observara, como si no estuviera
allí. En ese instante el hombre tuvo su primera reacción, gritó como nunca lo
había hecho: “¡¿Qué coño es lo que pasa aquí?!” Pero sus palabras fueron como
su presencia, invisibles. El policía seguía preguntando y la mujer trataba de
explicar lo sucedido entre sollozos.
El hombre se
volvió a quedar tieso, pero estaba vez sentía que se desesperaba, empezó a
transpirar y su respiración se aceleraba, no entendía nada de lo que estaba
pasando, hasta que entre sus pensamientos y el dialogo que había entre la dama
y el funcionario notó algo que ella dijo entre lagrimas: “Encontré a mi marido
muerto cuando llegué de hacer mercado con mi hija.” Esa frase hizo un choque en
su cabeza y lo hizo pensar algo que no se le había ocurrido aun, volteó su
cabeza hacia el cuerpo destrozado y a pesar de que quizás era obvio, estaba
muerto y él no lo sabía.
Nadie sabe
qué se siente al estar muerto, mucho menos él que era un hombre que, a pesar
que había pasado varios sustos en su vida, nunca había pensado como podría ser
no estar vivo, su primera reacción luego de su epifanía fue tratar de abrazar a
su mujer, cosa que fue imposible al atravesar el cuerpo de ella y tropezar con
un brazo del muerto, nada de eso tenía sentido, el hombre empezó a gritar,
gemir, llorar, pero nadie notaba nada.
La policía
realizó toda su investigación y el hombre, tal cual niño pequeño, hizo todo
tipo de pataletas para llamar la atención ¿Qué pasaba? ¿Por qué le sucedía eso
a él? ¿Acaso era una horrible pesadilla? Pensaba y gritaba, pero nada de esto
tenía respuesta, sólo que sí era muy real lo que sucedía.
Lo único que
pudo sacar de su fallido intento por denotar su existencia era que no existía,
y ya resignado a seguir intentándolo, se tiró al suelo llorando de nuevo sin
saber qué hacer, cada vez surgían más interrogantes a lo que sucedía. Si estaba
muerto ¿Por qué hizo todo su recorrido a casa como si hubiese estado vivo?
¿Quién lo mató? ¿Por qué murió? Lo único que pudo saber era como murió, gracias
a la investigación policial que rápidamente pudo determinar que fue asesinado
por un grupo de gente con armas blancas como barrotes, machetes, etc.… Haciendo
su muerte una burla.
Cada vez se
alteraba menos, resignándose a lo que sucedía, pensando en su mujer y su hija,
que ya habían sido trasladadas a otro lugar, todos los bellos pensamientos que
tuvo antes de llegar a su casa quedaron completamente eliminados con todo lo
que estaba pasando, cayendo rápidamente en una depresión inexplicable.
Pero por un
segundo sintió que había algo de control en el caos cuando escuchó por parte de
uno de los policías que un vecino había visto como un grupo de 6 hombres
armados entraban a su casa justo después que él había llegado. Era obvio que
ellos lo habían matado pero ¿Por qué? A pesar de que estaba muerto, sentía en
vida la ira que ahora lo llenaba al aceptar que había sido asesinado por un
grupo de malandros y a pesar que ya encontró razón a una interrogante, aun
existían muchas preguntas por responder y por alguna fuerza extraña y repentina,
quería averiguar lo que había sucedido, a pesar de que no sabía que podía pasar
después, estaba claro que no volvería a la vida, pero quizás así descansara.
Pasaron
varias horas, el hombre no sentía ni cansancio ni hambre, ya sea porque los
espíritus no duermen ni comen o por la adrenalina que sentía en su cuerpo
etéreo. La casa estaba sola, ya hacía rato que los policías se habían ido y
solo pudieron concluir que la razón fue “ajuste de cuentas” pero él sabía que
no había sido eso, él era un hombre bueno, que a pesar que vivía en un barrio,
trabajaba día a día por salir adelante sin meterse con nadie.
Hora tras
hora trataba de idear alguna razón para matar a alguien, pensaba que quizás
tuvo la mala suerte de encontrarse con un grupo de periqueros armados, o
simplemente eran asesinos por gusto. Y así estuvo toda la noche sin pensar en
la causa que quizás era la más obvia, un simple robo.
Cuando la
primera luz de la mañana entró por la ventana, el se asomó y observó al sol
saliendo, lo que le recordó mucho a su último atardecer, un atardecer agotador
pero alegre, recordó a su esposa y a su hija, incluso creyó sentir hambre en el
momento en que recordó la cena que nunca tuvo, pero al final recordó algo
importante, su cheque con su aumento, metió la mano en su bolsillo y lo observó
extrañado, era el mismo cheque con la misma firma de su jefe, pero donde debía
estar anotado la cantidad de dinero, había una larga mancha sanguinolenta que
tapaba lo que había escrito allí y entonces recordó todo, recordó haber
regresado muy alegre a su casa, pero justo antes de cerrar la puerta detrás de
él, entró un grupo de personas armadas, amenazándole con machetes y barrotes
para robarle y él cometió un grave error, se opuso. Lo que recuerda después se
vuelve borroso pero muy doloroso, siente como lo golpean tan fuerte que va
perdiendo el sentir de sus extremidades, hasta el punto que todo se vuelve
negro y despierta de nuevo en su viaje a casa y entiende el por qué. Se da
cuenta que por alguna razón que el mundo espiritual quería hacerle repetir ese
último momento, había sido su último momento feliz antes de morir, pero también
se da cuenta que por andar con una sonrisa de estúpido por un sueldo que ahora
no valía nada para él, había perdido todo lo que tenía y no solo eso, su hija y
su madre lo habían perdido a él, ya no tenían quien las mantuviese y no sabía
que harían para vivir, su esposa no había terminado los estudios y la niña
apenas empezaba primaria, aun no podía trabajar.
Todo fue una
corriente de continuos pensamientos y realizaciones desagradables que dejaron
exhausto al hombre que lo único que pudo hacer fue lanzar un largo grito de
dolor… todo por culpa de unos hampones que eran igual de pobres que aquel
hombre humilde, pero que despreciaban su esfuerzo de superación.

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