lunes, 2 de junio de 2014

El hombre.



Es triste ver  lo poco que se aprecia el trabajo que realiza un hombre pobre para que los ricos puedan vivir, pero es más triste ver cuando otro pobre lo desprecia.
Un hombre humilde, ya agotado por el exhaustivo día de trabajo en la obra en construcción, va camino a su pequeña casa al pie del barrio, va bastante alegre, ya que tuvo un pequeño aumento en su paga esa semana y en su rostro se observaba el cansancio y el orgullo por su esfuerzo. 

Durante su largo viaje, entre metros, autobuses, transito  y caminatas largas, el hombre va meditando sobre lo que le espera al llegar a su destino. Imagina a su esposa, recibiéndolo con un beso y con una simple, pero deliciosa comida. Fantasea en como su hija lo abraza al llegar, demostrando su cariño y que tanto la extraña,  piensa en cómo el mismo le contará la buena noticia a su mujer de cómo su sueldo de esa semana aumentó  debido a su laborioso trabajo e incluso piensa en si podrá tener relaciones con ella estando tan agotado. 

Y así estuvo el hombre, viajando en sus pensamientos alegres mientras avanzaba por la ciudad para llegar a su destino, no le importaban las trancas, no le importaban los motorizados, solo podía pensar en su paga y descansar en su casa, sin embargo, lo que le esperaba en la entrada era algo que nunca se le habría pasado por la mente. Un gran grupo de policías rodeaban su hogar, conversaban alterados sobre lo que parecía ser un asesinato, recién llegaban, ya que todavía no cerraban con cintas la entrada.
El hombre, sin pensar en más nada que su esposa y su hija. Entró directo sin preguntar nada a nadie, esperando ver una posible masacre… y así fue, pero no era algo que él esperaba ver, ya que lo primero que notó fue a su esposa y su hija abrazadas en un solo llanto delante de un cuerpo destrozado, como si hubiese sido atacado por una bestia, estaba prácticamente irreconocible, había sangre desparramada por todo el suelo, incluso habían trozos sanguinolentos de carne que se esparcían por el recibidor, obviando que faltaban varias cosas en la casa, sin embargo, aun habían detalles que permitieron que descubriera de quien ese cuerpo que ahora yacía muerto, era él.

Por un momento, se quedo tieso, no podía hablar ni tampoco sabía que pensar, levantó sus manos y las observó, luego empezó a tocarse el cuerpo para asegurarse de que él seguía allí, giró su cabeza hacia la izquierda y se vio a si mismo frente a un pequeño espejo que colgaba de la pared, él seguía siendo él, entonces pensó: “¿De quién es el cuerpo de la persona que está masacrada en el suelo?” 

En ese preciso momento, su esposa alzó su cabeza para mirarlo, o eso pensó él, porque realmente se levantó para hablar con el policía que estaba justo a sus espaldas. Ella lloraba mientras trataba de explicar lo que pasaba y el hombre observó cómo se llevaban a su hija fuera de la casa, todo sin poder moverse o decir algo. El hombre dio media vuelta y se encontró cara a cara con un policía que hacía preguntas a través de su cuerpo como si no lo observara, como si no estuviera allí. En ese instante el hombre tuvo su primera reacción, gritó como nunca lo había hecho: “¡¿Qué coño es lo que pasa aquí?!” Pero sus palabras fueron como su presencia, invisibles. El policía seguía preguntando y la mujer trataba de explicar lo sucedido entre sollozos. 

El hombre se volvió a quedar tieso, pero estaba vez sentía que se desesperaba, empezó a transpirar y su respiración se aceleraba, no entendía nada de lo que estaba pasando, hasta que entre sus pensamientos y el dialogo que había entre la dama y el funcionario notó algo que ella dijo entre lagrimas: “Encontré a mi marido muerto cuando llegué de hacer mercado con mi hija.” Esa frase hizo un choque en su cabeza y lo hizo pensar algo que no se le había ocurrido aun, volteó su cabeza hacia el cuerpo destrozado y a pesar de que quizás era obvio, estaba muerto y él no lo sabía.

Nadie sabe qué se siente al estar muerto, mucho menos él que era un hombre que, a pesar que había pasado varios sustos en su vida, nunca había pensado como podría ser no estar vivo, su primera reacción luego de su epifanía fue tratar de abrazar a su mujer, cosa que fue imposible al atravesar el cuerpo de ella y tropezar con un brazo del muerto, nada de eso tenía sentido, el hombre empezó a gritar, gemir, llorar, pero nadie notaba nada. 

La policía realizó toda su investigación y el hombre, tal cual niño pequeño, hizo todo tipo de pataletas para llamar la atención ¿Qué pasaba? ¿Por qué le sucedía eso a él? ¿Acaso era una horrible pesadilla? Pensaba y gritaba, pero nada de esto tenía respuesta, sólo que sí era muy real lo que sucedía.

Lo único que pudo sacar de su fallido intento por denotar su existencia era que no existía, y ya resignado a seguir intentándolo, se tiró al suelo llorando de nuevo sin saber qué hacer, cada vez surgían más interrogantes a lo que sucedía. Si estaba muerto ¿Por qué hizo todo su recorrido a casa como si hubiese estado vivo? ¿Quién lo mató? ¿Por qué murió? Lo único que pudo saber era como murió, gracias a la investigación policial que rápidamente pudo determinar que fue asesinado por un grupo de gente con armas blancas como barrotes, machetes, etc.… Haciendo su muerte una burla.

Cada vez se alteraba menos, resignándose a lo que sucedía, pensando en su mujer y su hija, que ya habían sido trasladadas a otro lugar, todos los bellos pensamientos que tuvo antes de llegar a su casa quedaron completamente eliminados con todo lo que estaba pasando, cayendo rápidamente en una depresión inexplicable.

Pero por un segundo sintió que había algo de control en el caos cuando escuchó por parte de uno de los policías que un vecino había visto como un grupo de 6 hombres armados entraban a su casa justo después que él había llegado. Era obvio que ellos lo habían matado pero ¿Por qué? A pesar de que estaba muerto, sentía en vida la ira que ahora lo llenaba al aceptar que había sido asesinado por un grupo de malandros y a pesar que ya encontró razón a una interrogante, aun existían muchas preguntas por responder y por alguna fuerza extraña y repentina, quería averiguar lo que había sucedido, a pesar de que no sabía que podía pasar después, estaba claro que no volvería a la vida, pero quizás así descansara.

Pasaron varias horas, el hombre no sentía ni cansancio ni hambre, ya sea porque los espíritus no duermen ni comen o por la adrenalina que sentía en su cuerpo etéreo. La casa estaba sola, ya hacía rato que los policías se habían ido y solo pudieron concluir que la razón fue “ajuste de cuentas” pero él sabía que no había sido eso, él era un hombre bueno, que a pesar que vivía en un barrio, trabajaba día a día por salir adelante sin meterse con nadie. 

Hora tras hora trataba de idear alguna razón para matar a alguien, pensaba que quizás tuvo la mala suerte de encontrarse con un grupo de periqueros armados, o simplemente eran asesinos por gusto. Y así estuvo toda la noche sin pensar en la causa que quizás era la más obvia, un simple robo. 

Cuando la primera luz de la mañana entró por la ventana, el se asomó y observó al sol saliendo, lo que le recordó mucho a su último atardecer, un atardecer agotador pero alegre, recordó a su esposa y a su hija, incluso creyó sentir hambre en el momento en que recordó la cena que nunca tuvo, pero al final recordó algo importante, su cheque con su aumento, metió la mano en su bolsillo y lo observó extrañado, era el mismo cheque con la misma firma de su jefe, pero donde debía estar anotado la cantidad de dinero, había una larga mancha sanguinolenta que tapaba lo que había escrito allí y entonces recordó todo, recordó haber regresado muy alegre a su casa, pero justo antes de cerrar la puerta detrás de él, entró un grupo de personas armadas, amenazándole con machetes y barrotes para robarle y él cometió un grave error, se opuso. Lo que recuerda después se vuelve borroso pero muy doloroso, siente como lo golpean tan fuerte que va perdiendo el sentir de sus extremidades, hasta el punto que todo se vuelve negro y despierta de nuevo en su viaje a casa y entiende el por qué. Se da cuenta que por alguna razón que el mundo espiritual quería hacerle repetir ese último momento, había sido su último momento feliz antes de morir, pero también se da cuenta que por andar con una sonrisa de estúpido por un sueldo que ahora no valía nada para él, había perdido todo lo que tenía y no solo eso, su hija y su madre lo habían perdido a él, ya no tenían quien las mantuviese y no sabía que harían para vivir, su esposa no había terminado los estudios y la niña apenas empezaba primaria, aun no podía trabajar. 

Todo fue una corriente de continuos pensamientos y realizaciones desagradables que dejaron exhausto al hombre que lo único que pudo hacer fue lanzar un largo grito de dolor… todo por culpa de unos hampones que eran igual de pobres que aquel hombre humilde, pero que despreciaban su esfuerzo de superación.